miércoles, 6 de enero de 2010

PARADURA DEL NIÑO EN EL TÁCHIRA



*Por: José Joaquín  Villamizar Molina


Tradición merideña llegada al Táchira desde antaño. Asistí a una hermosa y clásica fiesta navideña de este tenor, el 19 de enero de 1980, en la granja "El Carrascal" de Borotá, organizada por doña Alicia Febres Cordero de Carrasquero, secundada por su esposo el Dr. José A. Carrasquero Olivares. Se cumplieron todos los pasos y escenas que dicta la costumbre: Tribulación de todos los presentes ante el Niño robado y su búsqueda por San José, la Virgen, pastores e invitados. 

El jubiloso encuentro del Niño con profusión de luces, música, voladores, bengalas y abundante bebida criolla como calentao, piñita, mistela, ponche, buena champaña de Clicoc y escocés. Enseguida la llevada del Niño al pesebre y la paradura cuidadosa por los padrinos. 

Prosiguióse a la concurrida procesión con el recién nacido en la concavidad de un pañuelo de raso. Todo era derroche desbordante de pólvora, música y bebidas; luego vino el momento de la adoración, de los regalos, y de las súplicas dirigidas al divino infante. 

Siguió el rezo del santo rosario con los misterios gozosos, el canto de las letanías y luego la degustación de los manjares especiales de la noche, buñuelos, hallacas, dulce de lechosa y de cidra y pan de jamón, para concluir con el baile. Yo entré a la granja con mi esposa Alba Marina y mis dos hijos: Isaac y Angela. Llevábamos como regalo al Niño la sonora banda de El Abejal de Palmira.

Recuerdo algunos fragmentos intercalados de los versos que yo compuse esa diáfana noche: "Es esta noche esplendente del paraíso caída la que ha sido prometida, palacio en que Dios está. Es ésta la hermosa noche en que habladoras y bellas salen todas las estrellas al cielo de Borotá. 

En esta noche de amores de duchísima codicia, se contrita doña Alicia sin poderse consolar. Pero su esposo la alienta por el perdido lucero: dice el doctor Carrasquero: "Hay que salirlo a buscar". Busquen al niño perdido, tez de grana, rizos de oro. Comiencen por Copa de Oro, por La Blanca y Abejal. 

Y sigan por Palo Grande a preparar el sarao y bébanse el calentao y sigan al "Carrascal". En cafeses de Santa Ana dispongan de pastorcillo al señor Martín Carrillo que tal vez lo pueda hallar. Ya suben los convidados, la noche de luz delira; ya están cruzando Palmira, ya suben por Abejal. Sigue el cortejo festivo a lo largo y a lo ancho; regula el paso don Pancho, circunspecto barinés. 

Doña Oliva va de gala con ramilletes prolijos, también se ven a sus hijos portando buen escocés. Al fondo está San Cristóbal constelada de diamantes con luciérnagas brillantes danzando en la Marginal. Después de tantos pesares de este doliente aguinaldo por búsqueda de Reinaldo que es el señor San José, por búsqueda de la Virgen tan primorosa y divina, la preciosa Carolina triunfaron amor y fe. 

El Niño ya encunetado como retoño del cielo en las cuencas del pañuelo que ondulando viene y va. Los padrinos por las puntas sostienen el blanco raso que es primoroso retazo del cielo de Borotá. 

Los padrinos le levantan de una y otra manecita. Ni llora el Niño ni grita cual quietico querubín. Al pararlo las piernitas suenan con un traqui traqui y se alarma el doctor Pucky, pero nada pasa al fin. Vengan ángeles y reyes, vengan pastores devotos para ofrendar los corotos que le traen al Niño Dios. 

Van pasando reverentes en esta noche de luna ante la divina cuna por turnos de dos en dos. Yo soy el pastor llanero, vengo a amarrar a la cuna una yegua de Orichuna, yo soy Rafael Vegueth. 

Yo soy la pastora Mildred y traigo un ramo de rosas y con él traigo otras cosas para el hermoso bebé. Traigo la suma poética que en mensaje de claveles Manuel Felipe Rugeles para este infante escribió Azahar de pomarrosos juego en líricos careos; las flores de Pirineos aquí represento yo. 

Yo soy el pastor Alfredo y traer aquí me plugo un potecito de Jugo con un agua mineral. Soy la pastora Charito y a la criatura divina le traigo por golosina un biscocho y un panal. Y así fue transcurriendo rigurosamente toda la fiesta llena de alborozo y luminosidad.

*Cronista de la ciudad de San Cristóbal/Táchira
Cerca de cincuenta años José Joaquín Villamizar Molina ha escrito la historia de la ciudad de San Cristóbal. El primero de agosto de 1959 fue juramentado por Luis Santander, quien era presidente del Concejo Municipal como cronista de la Ciudad. 

Villamizar Molina se especializó en Londres, Inglaterra, en psiquiatría. Hoy día ejerce la profesión y atiende a los pacientes en la Policlínica Táchira, ubicada en la Avenida 19 de abril, parroquia La Concordia, municipio San Cristóbal. Comparte la escritura, su lado humanista, con el conocimiento científico.

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